30 de Noviembre – Escucha


Al que responde sin haber escuchado, la palabra le es tontería y vergüenza.” Proverbios 18:13 (RVR)
Escucha
Cuentan que en la Casa Blanca, un presidente de los EE.UU. hizo una prueba para demostrale a un amigo que ninguno de sus invitados escuchaba lo que él decía. El presidente recibía a todos los comensales y les decía “Hoy he asesinado a mi suegra”, a lo que todos le respondían “Muchas gracias, igualmente”.
No sé si la historia es verdadera, pero demuestra una realidad que hoy es muy común. Muchas veces al entrar en la iglesia, preguntamos “Hola, ¿cómo estás?” y por lo general escuchamos la respuesta “Bien, gracias”, como si fuera un saludo automático y obligado.
Pero si en algún caso extraño alguien responde “Y, no tan bien, sucede que …” y comienza a contar algún problema, buscamos la manera de cortarlo para no escuchar, o le ponemos cara de preocupación, cuando en realidad estamos pensando en cualquier otra cosa. Otros quieren escuchar, porque son chusmas, pero esa no es la idea del pasaje, sino aquel que escucha para intentar ayudar al que tiene problemas.
Hoy tal vez, no sepas escuchar, no tenés ganas, no te interesa. El hombre más sabio del mundo nos recalca la suprema importancia de escuchar al otro. Tenemos que romper esta inercia de no involucrarnos y aprender a ver por las necesidades del otro. Esta sociedad en que vivimos nos impulsa a ser cada vez más retraídos y solitarios, y eso es perjudicial. Recordá a los hermanos de tu congregación, o a tus amigos, y fijate si podés de cada uno decir con seguridad de qué trabaja, qué le gusta jugar, cuál es su problema, cómo está compuesta su familia.
Tenemos que recuperar la capacidad de escuchar, por algo Dios nos hizo con una sola boca y con dos orejas. Así como Dios se preocupa individualmente por cada uno y se toma el tiempo necesario para ver por los problemas de cada uno, Él también desea que le imitemos en esto. Quizá no podamos dar ninguna solución al problema escuchado, quizá solo podamos abrazarlo y decirle “Estoy con vos”, pero eso es de enorme importancia para quien necesita ser escuchado. Todos necesitamos ser escuchados. Alguien tiene que dar el primer paso. Dios quiera que sea el tuyo.
REFLEXIÓN – No hay peor sordo que el que no quiere oír.

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