31 de marzo – Sostiene

“El Dios sempiterno es tu refugio; por siempre te sostiene entre sus brazos. Expulsará de tu presencia al enemigo y te ordenará que lo destruyas.” Deuteronomio 33:27 (NVI)
No se puede asociar una madre con la guerra. Son imágenes que no concuerdan. Es como querer poner una paloma de la paz en una trinchera con alambre de púa. No puedo imaginarme a un caníbal vegetariano, ni a un floguer con corbata y traje. Son símbolos contrapuestos, representaciones que no se pueden unir.
El pueblo de Israel estaba por ingresar finalmente a la tierra que Dios les había prometido como heredad. Después de cuarenta años de caminar por el desierto, finalmente, estaban a la puerta de su hogar. Había muchas sensaciones distintas en sus corazones.
Frente a este pueblo dubitativo y cambiante, Dios les dejó claro este mensaje. En todo proyecto que emprendieran, Él los iba a acompañar. El Dios poderoso de la eternidad, iba a ser su refugio permanente, Dios sería su nana amante, y los protegería como una madre a su bebé. La imagen de Dios meciendo entre sus brazos a su pueblo elegido es extremadamente tierna.
Totalmente contraria a la orden que les da inmediatamente después. Deben destruir todo: expulsar a sus enemigos y desvastar sin piedad cuanto encuentren a su paso. Son dos imágenes imposibles de reconciliar. ¿Cómo puede ser que el mismo Dios amoroso, que sostiene entre sus tiernos brazos a su pueblo escogido, sea el mismo que está ordenando expulsar y arrasar con todos los enemigos de Su presencia? Es un concepto único de Dios, su eterna capacidad de mantener todas sus virtudes sin disminuir ninguna de ellas.
Los seres humanos no somos equilibrados, y alternamos nuestro estado de ánimo y nuestras actitudes. Somos pacientes y amorosos con nuestros hijos y por momentos intemperantes con nuestro cónyuge. Somos dulces y cariñosos con nuestro novio o novia, pero irascibles y maleducados con nuestros padres. Dios no es así. Él es siempre igual, y en cada situación que se presenta expone sus virtudes al 100%, todas por igual.
Dios emplea al mismo tiempo su justicia perfecta y su amor sin límites. Por eso castigaba con dureza a los enemigos de Israel, y cuidaba amorosamente a su pueblo escogido. Hoy Dios mantiene estas virtudes ampliadas al máximo por Su gracia. Él te sostiene en sus tiernos brazos para cuidarte, aunque las circunstancias estén muy oscuras, amenazantes o tristes.
REFLEXIÓN – Dios te sostiene siempre.

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