4 de Noviembre – Sordo


Oye Dios, mi clamor, atiende a mi oración.” Salmos 61:1 (NVI)
Sordo
Todos tenemos la necesidad de ser escuchados. Desde chiquitos que tenemos este estigma. Cuando somos bebés, lloramos para lograr lo que deseamos. No importa la hora, el bebé quiere ser escuchado y llora. Cuando somos niños, también, y hacemos pucheros. Cuando somos adolescentes, nos ponemos rebeldes y contestadores. Cuando somos jóvenes, deseamos exponer nuestros razonamientos e imponer nuestros pensamientos, queremos figurar y sobresalir. Cuando somos adultos, esperamos en silencio.
Pero de una u otra manera, todos queremos ser escuchados. Hoy se incrementó la cantidad de personas que desean hablar, pero no tienen receptores. Por eso hay cada vez más gente que va al psicólogo. Hay muy pocas personas que están dispuestas a escuchar. Por algo Dios nos creó con dos orejas y una sola boca. Es el único sentido que tiene un solo miembro. Tenemos dos manos, dos ojos, dos oídos, dos orificios nasales, pero una sola boca. Genera mucha angustia el tener un problema y no tener a quién contárselo porque nadie quiere escuchar.
Pero Dios no es así. Dios siempre escucha, Dios siempre está atento. El salmista tenía el mismo problema que nosotros, y creía que Dios estaba demasiado ocupado (quizá como todos los que lo rodeaban), como para escuchar y atender sus necesidades, y que tenía muchas otras ocupaciones que eran más importantes que los problemas de él. No creas que porque estás sufriendo hace tiempo y la situación no mejora, y no tenés respuestas de Dios, por eso Dios no escucha.
Dios siempre escucha. Quizá no responda cuando uno quiere, o de la manera que uno quiere, pero responde. Nunca está con demasiadas tareas como para no escucharte. Sos un especial tesoro para Él y tiene especial cuidado en lo que te pasa. Dios te ama tanto que desea lo mejor para tu vida, y por eso obra de la manera en que lo hace. Quizá estás pasando un momento muy feo, o una dificultad muy grande y puede ser que el silencio de Dios te haga pensar que Él no escucha.
Pero no es así. Dios siempre escucha tu clamor, siempre está atento a tu oración, siempre desea darte la mejor solución. No te desesperes, no te angusties, no te enojes, Dios siempre escucha.
REFLEXIÓN – Dios no hace oídos sordos.

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