5 de Enero – Altar


“Después, Abram siguió su viaje por etapas hasta llegar a la región del Néguev.” Génesis 13:9 (NVI)
Altar
Relata el libro de Génesis el recorrido de Abram cuando salió para la tierra de Canaán según el pedido de Dios. Abram llegó a Siquén, donde está la encima de More y Dios se le presentó para prometerle que esa tierra donde estaba pisando sería la heredad para su descendencia. Dios le estaba prometiendo ese territorio para el pueblo que formaría a partir de él. En respuesta a esa aparición gloriosa y a la promesa recibida Abram edificó un altar porque Dios se le había aparecido.
Siguió su viaje y llegó a Betel donde armó otro campamento, teniendo a Betel al oeste y a Hai al este. En este lugar, Abram también edificó un altar e invocó el nombre de Dios. La comunión entre ambos era permanente e íntima. El siervo quería estar cerca de su Dios. Y el sacrificio sobre el altar lo hacía estar en sintonía con su Creador.
Abram siguió su peregrinar por la tierra que recibiría como herencia y llegó al Néguev. Pero allí no edificó nada. Tal vez estaba apurado o cansado. Había mucho ganado por cuidar y muchas tareas por hacer. Y en aquel lugar, Abram no levantó un altar. Vino el hambre en la región y este hombre de fe emigró a Egipto. Allí había comida y prosperidad. Y cuando llegó a esta nación tuvo miedo. Sabía que su mujer Sara era muy bella y pensó que si decía que era su esposa, los egipcios lo matarían para quedarse con ella. Así que mintió y dijo que era su hermana.
Los príncipes de Egipto comenzaron a cortejarla y Dios envió plagas para castigarlos. Cuando supieron que Sara en realidad era la esposa de Abram, los echaron de lugar. La mentira de Abram había tenido consecuencias insospechadas. Y este hombre aprendió que el pecado siempre tiene malas consecuencias. Y que aparece cuando nos alejamos de Dios. Si hubiera levantado un altar en Néguev, tal vez no hubiera cometido ese error. Hubiera consultado a Dios para sabe que hacer frente al hambre y a los problemas que tenía.
Recién comienza tu año. Y Dios espera que cada día levantes un altar de intimidad con Él. Que el cansancio y las ocupaciones no lo eviten. No hacerlo te aleja de Dios. Y eso tiene consecuencias serias. No te descuides.
REFLEXIÓN – Levantá tu altar cada día.

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