5 de Febrero – Grandeza


“La cordura del hombre aplaca el furor, y un honor le es pasar por alto la ofensa” Proverbios 19:11 (RVR)
Grandeza
Cuando era chico veía películas de cowboys, me encantaban (y me siguen encantando). Había una que fue un clásico que se llamo “Los 7 magníficos”. Eran 7 pistoleros americanos que son contratados por un pueblo mexicano para que los defiendan de un bandido mexicano que tenía un gran ejército. Estos cowboys llegan al pueblo como grandes héroes, y para los chicos eran ejemplos dignos de imitar: valientes, aguerridos, peleadores.
Hay una escena bárbara antes de la pelea final, en la que tres chicos se acercan a uno y le dicen: “Cuando sea grande voy a ser como usted, valiente y guerrero, no como mi padre que tiene miedo”. A lo que este pistolero le responde: “No te confundas, tu padre no es ningún cobarde, sino todo lo contrario. Hay que ser muy valiente para formar una familia, cuidarla, y resignar su honor por defenderla. Eso es mejor que  tomar una pistola y disparar”.
El mismo concepto nos recalca hoy el sabio Salomón. La grandeza de un hombre (o de una mujer), no está en la manera en que se defiende, pelea o discute. Sino en la capacidad de frenar el furor en medio de una discusión, poner paz y tratar de arreglar el asunto.
El problema es que es muy difícil, mucho más cuando uno tiene la razón y el otro está equivocado. O cuando uno se siente insultado o agraviado, menospreciado o no tenido en cuenta. Es muy complicado aguantarse las ganas de devolver el insulto o el golpe, de responder una agresión injustificada.
Hay cientos de excusas para comenzar a pelear y salirse de las casillas.  Pero hay una sola para mantener la calma y en medio de la locura y los argumentos, poner paz: Grandeza.
Eso es justamente el ejemplo magnífico que nos deja Jesucristo. El tenía toda la verdad, fue sometido a la peor de las injusticias, a la peor de las traiciones, al peor de los castigos, y solamente guardó silencio. Porque fue, es y será el Más Grande, porque es Dios.
Frente al increíble ejemplo de suprema grandeza no podemos menos que sentirnos indignos, si no lo imitamos.
Es mejor pasar por alto la ofensa antes que defender un derecho propio.
REFLEXIÓN – La grandeza no se actúa, se vive.

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