8 de abril – Retorno

«Me voy a pescar, dijo Simón Pedro. Nos vamos contigo, contestaron ellos. Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.» Juan 21:3 (NVI)
La gloriosa mañana de la resurrección había pasado. Los discípulos ya habían visto a Jesucristo resucitado, habían notado los agujeros en sus manos y en sus pies, habían podido verificar la marca de la lanza en su costado. Tomás ya había sido retado por su falta de fe. Todo se encaminaba a ser como antes, cuando Jesucristo estuvo con ellos caminando por Palestina. Sin embargo, Pedro decidió volver al pasado y se fue a pescar.
Tal vez le pesaba haber negado a Cristo en el patio del Sumo Sacerdote, tal vez eran demasiado agudas las miradas acusadoras de los otros discípulos, tal vez el fracaso era excesivamente amargo, tal vez tenía sobrada vergüenza para encarar de nuevo su servicio cristiano, o, tal vez, le daba miedo el porvenir, así que decidió volver a lo seguro. Regresó a pescar.
Es lo que había hecho toda su vida. Allí se sentía cómodo. Conocía los vientos y las mareas y sabía que con esfuerzo y sacrificio podía sacar suficientes peces por día para subsistir sin problemas. No había demasiado riesgo en este proyecto, había poca posibilidad de fracaso o de censura. Así que se dispuso a retomar su trabajo, y como era un líder carismático, llevó con él a muchos de sus compañeros.
Intentaron pescar toda la noche, pero no sacaron nada. Como expertos que eran, se esforzaron, pero el éxito los esquivó. Al amanecer se encontraban cansados, mojados y fracasados. Las redes permanecían vacías. No habían sacado nada.
Tal vez te sientas como Pedro en esta mañana. Cansado de tanto trabajo, acusado por tus fracasos, solo o desanimado, queriendo volver al pasado. Seduce siempre el pasado. El pueblo de Israel añoraba las cebollas de Egipto sin recordar que allí eran esclavos. Pedro añoraba pescar en la barca sin recordar la monotonía y el aburrimiento que padecía a diario.
Pero lo peor de regresar al pasado, es que lo único que te espera es el fracaso. Ellos, los discípulos de Jesús, no pescaron nada. Abandonar a Jesucristo, para regresar a las costumbres de antaño, te condena a quedarte vacío. Perdés la comunión con el buen Pastor, aunque quieras divertirte un rato, nunca lo vas a poder lograr en plenitud. Es mejor no regresar a la barca. Siempre vas a estar mejor cerca de Cristo.
REFLEXIÓN – Con Jesús tenés un futuro. No regreses al fracaso del pasado.

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