8 de enero – Escudo

“Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat dijeron: Ciertamente este es el rey de Israel, y se volvieron contra él para atacarlo, pero el rey Josafat gritó. Al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.” 1º Reyes 22:32-33 (RVR)
Las batallas antiguas siempre fueron muy sangrientas. Tras cada batalla, la cantidad de muertos, heridos y mutilados era enorme. El profeta de Dios había anunciado que Acab, el rey de Israel, iba a morir en la batalla. Por eso fue disfrazado, para que nadie lo descubriera. Pero Josafat, el rey de Judá, fue a la batalla con su ropa real, en su carro y con su guardia personal.
En medio de la pelea, los capitanes enemigos lo vieron y lo confundieron con el rey de Israel. Por ese motivo, lo fueron a atacar. Casi pueden escucharse los gritos de los heridos y el ruido de los carros sobre la tierra. Josafat vio venir al enemigo y supo que estaba perdido. No había manera de escapar, era el final. Y gritó, quizá de miedo, quizá para darse valor, quizá para salir a atacar.
Pero, en ese momento sucedió un milagro. Alguien dijo: “éste no es el rey de Israel”, y en medio de la locura de la batalla, en medio de los gritos y las corridas, los carros dieron la vuelta y dejaron a Josafat solo, todavía temblando de emoción o de pavor, con la lanza en la mano. Vivo y solo.
Hoy no estamos en guerra, pero igual experimentamos el cuidado de Dios. Cada día de nuestra vida tomamos el tren, volvemos de la facultad por la noche, salimos a pasear, y sólo en muy contadas ocasiones alguien nos roba. Como nunca nos pasa, suponemos que a pesar de la inseguridad que hay, a nosotros jamás nos va a tocar. Y si algo malo nos ha sucedido, es porque Dios lo permitió. Nada escapa de Su control.
Tenemos que reconocer que es por la gracia y el cuidado de Dios que estamos a salvo y seguros. Pensá por un minuto en todo el trayecto desde tu cama hasta el momento en que estás leyendo esto, y revisá de cuántas cosas te libró Dios.
El amor de Dios es infinito y nos alcanza. Él nos cuida con su mano poderosa. Él nos protege con su escudo de poder. Dios te cuida.
REFLEXIÓN — Dios es tu escudo seguro.

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