Recordando las Promesas de tu Padre Celestial

Hoy no quiero compartirte mi sabiduría o mis palabras lindas sino la Palabra de Dios, para recordarte que el Señor está contigo, es tu Padre amoroso que nunca te abandonará!

«Sólo nos queda decir que, si Dios está de nuestra parte, nadie podrá estar en contra de nosotros. Dios no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que también nos dará junto con él todas las cosas. En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total Romanos 8:31-32,37 (TLA)

Así que, hoy acércate en oración,

«Confiamos en Dios, pues sabemos que él nos oye si le pedimos algo que a él le agrada. Y así como sabemos que él oye nuestras oraciones, también sabemos que ya nos ha dado lo que le hemos pedido.» 1 Juan 5:14-15 (TLA)

Hoy podemos repetir con toda confianza lo que dice la Biblia:

«No tengo miedo. Nadie puede hacerme daño porque Dios me ayuda». Hebreos 13:6 (TLA)

Nuestro Padre conoce nuestras necesidades,

«Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?» Mateo 6:26

Y lo que todos necesitamos es tener paciencia,

«Por eso, no dejes de confiar en Dios, porque sólo así recibirás un gran premio. Mantente fuerte, y por ningún motivo dejes de confiar cuando estés sufriendo, para que así puedas hacer lo que Dios quiere y recibas lo que él te ha prometido.» Hebreos 10:35-36 (TLA)

Él es tu Padre amoroso que te está esperando…

«Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.» Hebreos 4:16 (DHH)

Y recuerda que:

«Dios empezó el buen trabajo en ti, y estoy seguro de que lo irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo vuelva.» Filipenses 1:6 (TLA)

Hoy podemos alabar al Señor, como el salmista:

«Mi Señor, mi fortaleza,
¡yo te amo!
Mi Señor y Dios,
tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador!
Tú eres mi fuerza y mi escudo,
mi poderosa salvación, mi alto refugio.
¡En ti confío!
Yo te invoco, Señor,
porque sólo tú eres digno de alabanza;
¡tú me salvas de mis adversarios!
«
Salmos 18:1-3 (RVC)

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