11 de Diciembre – Acordate

«¿No fuiste tú, Dios nuestro, quien a los ojos de tu pueblo Israel expulsó a los habitantes de esta tierra? ¿Y no fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham?» 2 Crónicas 20:7
Acordate
Esta frase del rey Josafat la dijo en un momento muy especial. No estaba haciendo el recuerdo de fin de año, para la reunión de agradecimientos, ni analizando las bendiciones de Dios durante el año transcurrido. Le acababan de avisar que un enemigo poderosísimo se acercaba para invadir Jerusalén. En lugar de acercarse desde sus ciudades de origen, este multitudinario ejército, realizó un gran rodeo y se acercó a Jerusalén por los empinados riscos de Engadi.
Si hubieran tomado el camino de todos los ejércitos, los guardias fronterizos hubieran dado el aviso. Pero esta multitud, actuó por detrás, sin aviso, a traición. Cuando le llega el aviso a Josafat, estaban muy cerca de Jerusalén. No había tiempo de convocar a un ejército que pueda hacerles frente. El ataque era sorpresivo. No había manera de enfrentar a un ejército tan grande.
El pueblo tenía miedo, y Josafat también. Eran superados en número, no estaban preparados, no tenían salida ni manera de escapar. Estaban condenados a pelear y morir. Pero el temor de Josafat no le nubló la razón. En el momento más complicado de su vida, cuando los problemas lo oprimían y no lo dejaban respirar, este rey sabio superó su miedo y su desesperación, recurriendo a Dios.
Hizo memoria de las promesas de Dios. Se acordó que Dios les había prometido esa tierra y que iba a defenderlos si alguien los atacaba. La realidad le decía otra cosa, pero su fe en Dios le hizo confiar en este Padre Poderoso que tiene el control sobre las naciones y las personas. Así que le encomendó la causa al Juez Eterno, y esa noche, antes de la batalla descansó en paz.
A la mañana siguiente, preparó su ejército, y le sumó una dotación de sacerdotes y levitas que iban alabando y adorando a Dios. Fue a la batalla sabiendo que Dios iba a pelear por ellos. Y vencieron. Sin sacar su espada, sin tirar una sola flecha, Dios destrozó al enemigo y les regaló un botín tan grande que tardaron tres días en juntarlo.
Para tu problema de hoy, acordate de Dios. Él es Fiel, siempre. Y pelea por vos.
REFLEXIÓN – Acordate de la Promesa de Dios.

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