15 de Febrero – Confianza


“Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, de modo que cada día hubo comida para ella y su hijo, como también para Elías”. 1 Reyes 17:15 (NVI)
Confianza
Hablábamos con Miri sobre este tema haciendo un poco de memoria de nuestra vida. Es fácil confiar en Dios y hablar de su misericordia y poder cuando estás en la cresta de la ola. Es sencillo cantar el domingo cuando sabés cuánto te queda en tu cuenta bancaria, que vas a poder pagar todas tus deudas y cuánto vas a poder ahorrar para cambiar el auto. Es cómodo adorar a Dios y servirle cuando el éxito te acompaña y la fama te saluda con respeto.
Pero en estos días de crisis todo se hace más cuesta arriba. La fe se debilita, el ánimo decae y el cielo se vuelve de hierro. Cuando la inseguridad y la inestabilidad golpean la puerta de tu casa ya no es tan simple adorar y agradecer. Fue entonces cuando Miri me recordó la historia de esta viuda increíble.
Había sequía desde hacía tres años. No había comida, no había agua y la gente moría de hambre. Para colmo, esta mujer era viuda y tenía un niño pequeño. Nadie la ayudaba, hacía lo que podía. Fue esa mañana a buscar un poco de leña para hacer su último pedazo de pan, comerlo con su hijo y dejarse morir. No había más esperanza. Ya se había consumido todo lo que tenía.
Es ahí cuando aparece este profeta desconocido y le pide que primero le haga una torta para él (con todo el sustento que tenía), porque Dios iba a premiar su confianza y le iba a dar comida hasta que llueva de nuevo. No había reservas en la ciudad, no había dónde comprar, no había campos sembrados. Solo quedaba un puñado de harina.
Y esta mujer con sus dudas y temores hace la última torta ¡y se la da al profeta! Tenía solo la palabra de un desconocido, había escuchado de Dios hacía tiempo, no era del pueblo de Israel, pero algo hizo que confiara. Y ella confió.
El milagro es conocido por todos: el aceite y la harina nunca faltaron en su mesa. Pero el ratito entre que el profeta comía su comida y la de su hijo, y comenzó a suceder el milagro, habrá sido increíblemente duro. ¿Y si me mintió (habrá pensado)? ¿Y si era un falso profeta? ¿Y si Dios no responde? Pero Dios siempre responde.
REFLEXIÓN – Dios es digno de confianza.

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