18 de Noviembre – Querer


Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia, antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4:13 (NVI)
Querer
Nunca es lindo quedar en evidencia. Me acuerdo de chico cuando rompíamos algo en casa, teníamos más miedo a que mi papá se entere que preocupación por lo roto. Buscábamos todas las maneras posibles de tapar el problema. Para colmo en casa nunca hubo un perro, así que no teníamos a quien echarle la culpa.
Pasaba lo mismo en el colegio cuando había algún incidente como por ejemplo un vidrio roto, y pedían que alguien se hiciera cargo pero nadie decía quién era el culpable. Se trataba siempre de evitar decir quién había cometido la falta. Está siempre presente esa preocupación de ser descubierto y sancionado. Pero difícilmente podamos llevar este sentimiento al plano espiritual porque no hay manera de ocultar nada. Suponerlo es subestimar a Dios y su Justicia.
Este texto de Hebreos es terrible, nos recuerda nuestra absoluta desnudez frente a Dios. No hay nada que podamos ocultarle, no hay nada de lo que pensamos, hacemos, decimos o miramos que se le escape a Dios.
Llegó a la Argentina esta moda del Gran Hermano o Big Brother. Personas en una casa con muchas cámaras, sin intimidad. Todos los televidentes pueden ver todo el tiempo qué está sucediendo en la casa.
Dios es más infalible que las cámaras de televisión porque incluso puede ver tus pensamientos y sentimientos, y lo que es aun más terrible, es que ante Él tendremos que dar cuenta. Él será el juez de tu conducta, conoce perfectamente cada detalle de tu vida.
Esto nos debería llevar a revisar la conducta diaria, a mejorar nuestro hablar cotidiano y cuidarnos cada vez que hacemos algo, simplemente porque Dios lo está viendo.
Si fuéramos plenamente conscientes de esta realidad, muchas cosas cambiarían en nuestra vida. Dejaríamos de justificarnos ante cada falta diciendo “es solo una falta menor”, ”un pecadito y nada más”, ”hay muchas cosas peores”.
Frente a Dios el pecado es pecado y no tiene atenuantes. Si hay algo que estás haciendo que no puede ser comentado públicamente porque te daría vergüenza, ahora es el momento de dejar de hacerlo, porque Dios es consciente de ello, y se duele por tus pecados y errores.
REFLEXIÓN – Tenés siempre a Dios cerca, cuando querés y cuando no.

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