2 de Abril – Soldado

“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.” 2 Timoteo 2:3
Soldado
Hoy se recuerda el 28 aniversario de la Guerra de las Malvinas. Cuando el ejército nacional invadió las islas que estaban en poder del imperio británico y quisimos recuperar por la fuerza lo que nos habían sacado. Fue una guerra que jamás podíamos ganar. El ejército argentino envió a las islas a muchachos de 18 años, con poco entrenamiento y ropa inadecuada para soportar el frío, con armas viejas, sin apoyo. Y se enfrentaron a uno de los ejércitos más poderosos de la tierra, que tenía de aliado a EE.UU. Su ejército eran soldados profesionales, con ropa especialmente diseñada para luchar en las islas, con armamento de última generación, y mirada infrarroja para luchar de noche.
Los soldados argentinos sabían que iba a ser una lucha muy dura, pero no se imaginaron cuanto. Estaban preparados para sufrir, pero las adversidades fueron demasiadas. El enemigo era imposible de vencer. No tenían elementos para superarlo. Finalmente sucedió lo que no se podía evitar. Sufrimos la derrota.
Hoy en la tele, se recordó el sacrificio y el temple de aquellos valientes que lucharon. Muchos no volvieron a casa, otros sí. Cada uno tenía su historia para contar, pero todos coincidían que habían sufrido mucho.
Dios también nos convoca a una batalla. No tenemos ametralladoras, ni granadas. Pero es una guerra que también nos hace sufrir, una pelea incómoda que nos enfrenta a tener que vivir con un código de vida diferente al que tiene el resto. Con normas de conducta que son opuestas a las que tienen los que nos rodean. Por eso, Cristo sabía que en esta lucha, íbamos a sufrir.
Pero a diferencia de los argentinos en Malvinas, los cristianos tenemos las de ganar. Ya el mismo Jesucristo nos ha garantizado la victoria. Él ya venció al enemigo en la cruz y lo derrotó definitivamente. Solo hace falta algo más de tiempo para que el triunfo sea definitivo.
Puede ser que la pasemos mal en algún momento, pero jamás estaremos solos en la batalla. El mismo Jesucristo nos va a acompañar para asistirnos y ayudarnos. Él no te deja solo en la trinchera de tus problemas y te da las armas para que puedas vencer. tienes todo para ganar, el fracaso es solo por tu culpa.
REFLEXIÓN – Disfrutá de su victoria, aun en medio de la trinchera.

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