2 de Agosto – Salir


El Señor le ordenó: Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.” 1 Reyes 19:11 (NVI)
Salir
Elías estaba deprimido y quería matarse. Era un enorme profeta y un gran hombre, pero estaba cansado y solo. A pesar de su desánimo, llega hasta la cueva donde Dios lo había citado. No tenía muchas ganas de escuchar ni de iniciar nuevos proyectos. Cuando estás bajoneado lo único que querés es dormir y pasar el tiempo.
A pesar de su estado de ánimo este hombre llegó a donde Dios lo había llamado y se metió en la cueva. Intentando imaginar la escena, pienso que no habría mucha luz adentro, solo el resplandor de lo que se filtraba por el hueco de entrada. Tal vez Elías se sentó sobre una piedra esperando nada, en medio de la oscuridad.
La cueva estaría húmeda y silenciosa. Nada se movía. Igual que el ánimo del profeta. No sabemos cuánto tiempo estuvo allí Elías. ¿Una hora? ¿Dos? ¿Un día? ¿Qué habrá estado pensando durante ese tiempo? No sabemos. Solo una cosa es segura. Cuando fue el tiempo de la conversación con Dios, la orden fue bien clara: Elías tenía que salir de la cueva.
¿No podía Dios hablarle en la cueva? ¿No podía hacerlo debajo del enebro donde Elías había comido por última vez? ¿Por qué la orden de salir? Seguramente el sol lastimó su vista acostumbrada a la penumbra de la cueva. Dios te saca de la cueva porque quiere desenfocarte de tu problema para poder hablarte.
Era muy difícil que Elías escuchara a Dios ensimismado en su depresión y queja. Cuando estás atravesando un mal momento, tu problema es el centro de tu atención. Dios quiere sacarte de tu cueva, como hizo con Elías. En cuanto salió, este hombre deprimido y triste pudo ver la Gloria de Dios en un silbo apacible. Encontró a Dios donde menos se lo esperaba. NO estuvo en el fuego, ni en el terremoto. Dios siempre habla en la quietud y en la tranquilidad de la luz. Nunca en la cueva.
Si estás triste, es necesario que te desenfoques. Salí a la luz para encontrar a Dios. No va a desaparecer tu problema, pero vas a verlo desde una óptica diferente. Salí de la humedad de tu encierro, encontrate con la Gloria de Dios y disfrutá de su luz. Pero sos vos quien tiene que salir. Dios no te obliga, solo te invita. Si seguís adentro va a ser más difícil escucharlo.
REFLEXIÓN – Salí de tu cueva.

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