2 de septiembre – Frustración

“(…)los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!” 1 Reyes 19:10 (NVI)
Se suele hablar mucho de la depresión de Elías, que quiso morirse cuando se sintió amenazado por la reina Jezabel. En este hecho, se resalta el eterno amor y la paciencia de Dios para recomponerlo y darle fuerzas para salir de su estado de parálisis. Dios lo alimentó, lo consoló, lo fortaleció y le dio una misión para que saliera de su letargo. Para l comunicarle su propósito, Dios le pidió que lo encontrara en un monte.
Y este hombre, deprimido y sin ganas, caminó cuarenta días y cuarenta noches (un mes y diez días) sin comer nada hasta llegar al monte, y se guareció en una cueva, en donde luego se encontraría con Dios. Yo apenas puedo correr el tren para no llegar tarde a la oficina; me resultaría imposible caminar durante un mes y medio, pero Elías lo hizo.
Y cuando en la cueva, pudo hablar con Dios, le hizo ese planteo. Elías estaba enojado, frustrado. Se sentía solo. Miró a su alrededor y no vio a nadie. Era el último de los profetas de Dios. Todos los demás habían muerto, o se habían vendido para servir a Baal. En el pueblo, a pesar de su milagrosa victoria en el monte Carmelo, ninguno se había jugado por Dios. Cada uno seguía con su rutina cotidiana, manteniendo una vida cómoda y tranquila.
Únicamente Elías continuaba anunciando las verdades de Dios, y estaba cansado. No era justo. Era demasiado trabajo para un hombre solo. Le enojaba la indiferencia de los demás, que miraban para otro lado y parecía que no se daban cuenta de nada. Ninguno tenía la pasión de Elías, ninguno lo apoyaba.
Y frente al reclamo del profeta enojado, Dios una vez más mostró Su grandeza y Su amor. Le habló con paciencia y delicadeza, y le demostró que no estaba solo: habían quedado siete mil profetas fieles a Dios. Las filas del ejército de Dios contaban con muchos más hombres, de los que Elías suponía. Ya no se justificaba su enojo, y Dios lo limpió de su frustración.
Tal vez estás como Elías, frustrado y enojado por lo que observás a tu alrededor. Sumate al equipo de Elías. Dejá que Dios te muestre lo que no podés ver.
REFLEXIÓN – No estás solo, Dios te limpia de tu frustración.

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