29 de Mayo – Compensa

“Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma.” Salmo 31:7 (NVI)
Cuando Juampi iba a ser operado nuevamente, estuvimos con Miri bastante angustiados. Sabíamos que era para su bien y que lo iban a operar los mejores doctores en una de las clínicas más prestigiosas de Buenos Aires, pero aún así nos sentíamos inquietos. Nos dolía pensar que Juampi iba a tener que padecer un pos operatorio largo y complicado. Estábamos muy afligidos. No queríamos que nuestro pequeño hijo sufriera, aunque entendíamos que eso sería inevitable. Juampi ya estaba informado de que lo iban a operar y de que eso le permitiría mantener sus piernas más derechas y flexibles. Eso lo alentaba e influía en su ánimo para que estuviera contento.
Y cuando estamos muy tristes por alguna situación relacionada con este tema, mi hijo tiene la gracia de abrazarme y decirme: Papi, te quiero mucho. Y eso cura todos los dolores. Es asombroso pensar como un niño tan pequeño puede contener y cuidar de esa forma a los adultos que, supuestamente, son más experimentados y maduros. Juampi combina a la perfección ambos conceptos: la angustia y el amor que cura.
Así también es Dios, y el salmista lo sabía. Él también estaba muy triste. Lo angustiaban terriblemente algunas cuestiones. Eran un peso en su alma y le quitaban la alegría. Sin embargo, este hombre duro puede encontrar regocijo en el amor de Dios. Y como los polluelos debajo de su madre, el salmista se acurruca bajo la poderosa y amorosa Presencia Divina para encontrar consuelo y alivio.
Dios tiene esta gracia. Puede sanar el dolor y la angustia, puede curar la herida del problema, puede contener la tristeza más profunda, puede sanar el corazón lastimado, y enjugar las lágrimas vertidas a causa de la congoja más terrible. Dios combina a la perfección los conceptos de angustia y amor, porque su amor todo lo cura. Es a prueba de todo. Es más grande que los problemas.
Ninguna dificultad puede inhibir el amor de Dios. Pensar lo contrario es creer en una mentira provista con sutileza por el diablo. David sabía que el amor de Dios no menguaba a pesar de los vaivenes de la vida, y de las tormentas que lo golpeaban. Por eso, podía regocijarse en el amor de Dios, que sigue vigente a pesar de los problemas.
Y hoy, los dichos del salmista te desafían a confiar en eso. Dios sabe de tu dolor. Regocijate en el amor de Dios que consuela.
REFLEXIÓN – Dios compensa tu dolor con amor.

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