8 de Junio – Consolación


Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados.” 2 Corintios 1:3-4 (NVI)
Consolación
Hay veces que no entendemos por qué tenemos que pasar por una mala situación. No hablo de cuando uno mete la pata y sufre las consecuencias de sus actos, sino de los momentos en que viene un problema sin ninguna causa. Esta frase de Pablo es para cuando estás desanimado, cuando no tenés ganas de nada, cuando estás  bajoneado.
Dios sabe todas las cosas, nada escapa a su Dominio y Soberanía, y tiene un Plan. Cuando pasamos por una crisis o un momento feo, la respuesta de Dios es la misma que le dio a Pablo “Mi gracia es suficiente”. No hace falta saber nada más, cualquiera sea tu problema,  Su gracia es mayor. No hace falta entender para ser consolado por Dios.
Dios consuela. No prometió que nos iba a sacar el problema o solucionar la crisis, pero garantizó que siempre y en toda tribulación nos va a consolar, y en medio de la tormenta vamos a tener paz.
El Amor de Dios no tiene límites, y se manifiesta también en esto. Él tiene cuidado de cada uno de nosotros. Si cuida a las aves del cielo y a las flores, ¡cuánto más no se va a preocupar por nosotros que somos sus hijos!
Pero el consuelo de Dios no termina en nosotros, sino que crece y se expande, ya que una vez que somos consolados, tenemos la capacidad de consolar a otros.
¡Cuánta falta hace un hombro sobre el cual llorar, un abrazo sincero y mudo, un pañuelo para secar una lágrima! Vivimos en días muy egoístas donde no tenemos el cuidado de ver por otros, y quizá quien está a tu lado está sufriendo y necesita de tu consuelo.
Solo el que estuvo en un hospital internado puede entender a quien está enfermo, solo quien perdió un ser querido puede entender la pérdida, solo quien fue menospreciado puede entender la herida de la discriminación, solo el que es consolado puede consolar.
Si fuiste consolado, consolá. Hay una razón para tu sufrimiento, dura, pero necesaria. Dios sabe.
REFLEXIÓN – La paradoja del sufrimiento es que es un canal de consolación.

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