15 de Octubre – Pero


Pero tengo contra ti que has dejado el primer amor.” Apocalipsis 2:4 (RVR)
Pero
La palabra crisis no es muy agradable. La asociamos con un perfil negativo e indeseable, con angustia, sufrimiento y con un mal momento. Nadie habla de crisis con una sonrisa. Sin embargo, al momento de surgir la palabra tenía otro significado. Si hablamos de la palabra amante, se asocia a una tramposa con la que se engaña a la esposa o a la novia. Sin embargo, un amante en la edad media era alguien que amaba. El marido era el amante de su esposa. Los significados cambian.
Crisis en el original griego es Crineo, que significa cambio. Hoy la palabra crisis se asocia a una hecatombe, a un problema financiero serio, a una enfermedad incurable, a una epidemia, a un escape de radiación de un reactor atómico. No se ve nada agradable en una crisis. Sin embargo, Dios tiene otra óptica. Para Él, crisis significa cambio. Ni bueno ni malo, solo cambio.
Es así como la palabra cambio encierra esperanza, positivismo y una idea creadora. Lo cierto es que a veces Dios nos pone en la crisis para que cambiemos. Nadie aprende en la comodidad de la bonanza, sino en la escuela del sufrimiento. Dios sabe esto, por eso nos deja el ejemplo de la iglesia de Éfeso.
Esta era una iglesia que funcionalmente marchaba muy bien. Tenía una buena doctrina, ministerios activos y pujantes, buena adoración, soportaban la prueba, servían con dedicación. Todo iba bien, pero hay un “pero”, y el pero desacredita todo lo anterior.
El pero de Dios para esta iglesia que funcionaba tan bien, era que se habían olvidado de lo verdaderamente importante. No es tan importante la obra del Señor sino el Señor de la obra. A veces queremos disimular nuestra falta de comunión con Dios con mucho servicio. Es lo que pasaba en Éfeso. Dios les dice que aunque servían mucho, se habían olvidado del primer amor.
Por eso a veces Dios nos envía crisis para hacernos volver. Dios utiliza los malos momentos de la vida para enseñarnos la importancia de estar cerca de Él, para revalorizar la comunión. Más allá del servicio, de los ministerios, de las tareas, lo importante para Dios es nuestra relación íntima con Él. Es tiempo de revisarnos para entender por qué hacemos lo que hacemos.
REFLEXIÓN – ¿Cómo está tu primer amor?

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