5 de febrero -Cocos

“Despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.” Hebreos 12:1 (NVI)
Si visitás San Antonio de Areco, en Argentina, lo más probable es que te lleves un mate y una bombilla como recuerdo de tu paso por esa bella ciudad. Es el souvenir típico de la zona. Cada ciudad o región tiene el suyo propio. Si vas a pasear por New York, tenés que traerte una miniatura de la Estatua de la Libertad. O si vas a París, obviamente, una miniatura de la Torre Eiffel.
En Tailandia también tienen un souvenir, pero es algo distinto: te ofrecen un monito vivo. Son pequeños monos que los nativos cazan en la selva. Lo complicado es cazarlo vivo y sin golpearlo, para que pueda ser vendido a buen precio. Los nativos tienen su manera de hacerlo:
Ahuecan cocos y les hacen una cavidad del tamaño de la palma de la mano del mono. Le ponen adentro tres o cuatro piedritas del camino y salen a la selva. En cuanto encuentran una zona donde están los monos en los árboles, comienzan a agitar los cocos a la manera de un sonajero para llamar la atención de los curiosos animales. Cuando la captaron, dejan los cocos en el piso y se alejan de su vista.
En el momento en que el peligro de tener a los nativos cerca desaparece, los curiosos monos bajan de los árboles y meten la mano en un coco. Encuentran las piedritas y al tomarlas cierran el puño. La mano cerrada no sale por el agujero del coco. Por su insaciable curiosidad y tonta rapiña, toman otro coco con su mano libre y repiten el procedimiento.
Los nativos, cuando los monos tienen ambas manos dentro de los cocos, salen de sus escondites y comienzan a cazarlos. Los monos no pueden subir al árbol porque tienen los cocos en sus manos. Son tan tontos, que en lugar de soltarlos y escapar hacia la altura de las copas donde se hallarían seguros, siguen corriendo con los cocos pesados en sus manos. La red de los nativos los alcanza fácilmente y los encarcelan para ser vendidos como souvenir.
Tonta manera de perder la libertad, por nada. Hoy, muchas veces, nos comportamos como esos monos tontos, aferrándonos a piedritas que prometen la felicidad, pero son sólo cocos huecos. ¿Dónde estás buscando hoy algo de placer? No vendas tu libertad espiritual encarcelándote a cocos huecos.
REFLEXIÓN – Despojate del lastre.

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